sábado 4 de junio de 2011

Comentando las noticias

Como creo que le pasa a cualquier persona con dos dedos de frente, cada vez que leo las noticias alucino con las chorradas que la gente puede llegar a contar. Normalmente, los protagonistas de estas historias son los políticos pero lo que esta vez ha llamado mi atención es esta entrevista al Director de la Real Academia de la Historia. La entrevista apareció en El Pais Digital el sábado 4 de Junio de 2011 y me he permitido comentarla. Para facilitar la lectura he agrupado los comentarios como notas al final del texto. A lo largo del mismo están marcados los pasajes que he considerado merecedores de comentario.


ENTREVISTA: Polémica en torno al 'Diccionario Biográfico Español' GONZALO ANES Director de la Real Academia de la Historia

"No he leído la biografía de Franco"


El responsable del 'Diccionario Biográfico Español' defiende la obra y lamenta unas críticas "que no se habrían producido en ningún otro país europeo". También sale en defensa de Luis Suárez, el polémico biógrafo de Franco
La semana de lluvia y granizo sobre la Real Academia de la Historia y su Diccionario Biográfico Español -una obra de referencia de 50 volúmenes y 43.000 entradas objeto de durísimas críticas- desemboca en el despacho de Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón (Trelles, Oviedo, 1934). Cansado y molesto con la prensa, el director de la RAH sigue defendiendo no solo el diccionario, sino a algunos autores polémicos, como el medievalista Luis Suárez, que evita llamar dictador a Franco en su biografía. Las últimas entradas que han levantado polvareda han sido la de Rita Barberá, escrita por uno de sus asesores, o la del general Alfonso Armada, redactada por su yerno. [F1] La entrevista se realizó horas antes de que el pleno aprobara por unanimidad que para la edición digital del Diccionario "se cree una comisión permanente con objeto de fijar los procedimientos de mejora y revisión", y que los cambios en papel se realizarán "con la mayor celeridad posible".
Pregunta. ¿Se ha planteado dimitir como director de la RAH?
Respuesta. No. En ningún momento.
P. ¿No le han afectado las numerosas reacciones contra el papel jugado por la Academia en elDiccionario Biográfico Español?
P. Como director de la obra, ¿cuál es responsabilidad?
R. Mi responsabilidad fue organizar el Diccionario. Y lo hice a través de unas comisiones de académicos. Yo no estuve al tanto de a quiénes se les habían encargado las biografías. No puedo tener el control de 43.000 entradas.[F3] 
P. Es obvio, pero quizá sí podía haberse interesado por las que requerían mayor imparcialidad...
R. Lo que me tranquiliza es que en cada tomo de la Academia pone que las biografías son propiedad de los biógrafos y que la Academia, aunque no estuviera conforme con el contenido, no quiso modificar ninguna por creer que pertenecía a su autor.[F4] 
P. Si dieron normas estrictas sobre la necesidad de objetividad y de abstenerse de dar opiniones, y quedando claro que no se han respetado en algunos textos, ¿por qué no se corrigieron?
P. ¿Y no se leyeron?
R. Sí, se leyeron por el equipo de documentalistas que tenían la misión de uniformar los tipos de imprenta y corregir las erratas[F6] .
P. Honestamente, ¿cree que Luis Suárez era la persona más idónea para escribir sobre Franco o Escrivá de Balaguer, con su simpatía por ambos personajes?
P. ¿Cree que su entrada sobre Franco es rigurosa y objetiva?
R. No quiero hacer de juez[F8] .
P. Pero...
P. Así se hizo el Diccionario de Oxford...
R. El de Oxford existe desde el XIX y fue ampliado con biografías adicionales estos últimos años.
P. Y cuyos textos se someten a varios procesos de revisión.
R. Sí, y el diccionario italiano, que no sé si se somete a esos procedimientos, empezó en el año 60 y está en la letra eme...[F10] 
P. ¿No cree que, al menos con los textos más delicados, tendría que haber habido más control?
R. Posiblemente sí, pero no se hizo, y punto.[F11] 
P. Podemos decir que han sacrificado el rigor por la celeridad.
R. No, el rigor no, porque hemos elegido a buenos biógrafos. Y cada uno es responsable de sus actos. La Academia siempre ha tenido una actitud liberal y confiada en las capacidades de la gente, independientemente de su signo político[F12] . Y punto.[F13] 
P. Pero parece claro que el resultado se ha vuelto contra la Real Academia de la Historia.
P. Dice usted que eligieron a buenos biógrafos y que...
R. A los mejores.
P. Ya, pero parece que algunos no han sido los más oportunos.
R. Mire usted[F15] , si mi criterio hubiera prevalecido, no se habría hecho la edición en papel, se habría hecho solo la digital.[F16] 
P. Resulta insólito escucharle decir que "la Academia no se responsabiliza de los textos". Pues ¿quién se responsabiliza?
R. Me refería... a los... párrafos iniciales que... aparecen en la entrada de cada tomo. Esa declaración me la tomaron mal.[F17] 
P. Ha dicho que se eligió a los mejores biógrafos. ¿Cómo casa esto con el hecho de que la biografía de la exministra Bibiana Aído se sacara de la web de su ministerio o de que las de las infantas Elena y Cristina las firme directamente la Casa Real?
P. Eso no es rigor científico.
R. Mire, esos personajes están ahí porque Bibiana Aído tenía que aparecer porque están todos los ministros y no la podíamos excluir. ¿Comprende?[F19] 
P. Pero las infantas...
R. Las biografías de las infantas... La Casa Real da unos datos[F20] , lo que está en la web y es lo que aparece ahí. Y punto.[F21] 
P. La Academia se dice dispuesta a modificar algunas entradas. Pero, ¿es verdad que no corregirán nada, sino que como mucho harán añadidos?
R. Pues eso depende de lo que decida en su reunión de hoy [por ayer] la Junta Directiva.
P. ¿Emitirán un comunicado tras la reunión?
R. Sí, supongo que la semana que viene se hará.
P. La verdad es que manejan ustedes unos ritmos de verdad históricos, ¿eh? [La nota se hizo pública por la noche].
R. ¡Mire usted, ahí está la obra, que es lo que importa[F22] ! O al menos, lo que nos importa a nosotros[F23] . A ustedes[F24] , me parece que mucho menos.
P. Nos importa mucho esta obra, y aún nos importa más que hubiese salido mejor.
R. Bueno, todo es perfeccionable. En la edición digital se puede dar entrada a todo biógrafo que crea que tiene información que mejore las biografías incluidas.
P. ¿Van a ser ustedes especialmente escrupulosos con aquellos personajes del siglo XX que puedan ser otra vez polémicos?
R. Pues yo desde luego le diré que la biografía de Negrín la pienso leer detenidamente. Y que en adelante tendremos más cuidado, empezando por mí. Y si se detectan fallos, se corregirán.
P. ¿Quién hizo la biografía de Negrín?
R. Pues... no lo recuerdo.
P. ¿De verdad que en ningún momento se le ocurrió leer qué decía la entrada de Franco?
R. Pues mire, como yo viví la época de Franco y conozco muy bien lo que fue, no sentí ninguna curiosidad. Es un fallo mío. [F25] Me dedico a otras cosas y son otros personajes los que me interesan.
P. Entendemos que ya la habrá leído y nos podrá decir...
P. ¿Perdón?
P. ¿Usted cree que Franco fue un dictador?
R. Tuvo varias épocas y actuó de manera distinta según las épocas. Hubo varios francos. Y ninguno de ellos me gustó.
P. Pero, ¿fue un dictador o no?
P. Perdone pero, ¿qué le ha parecido la reacción en la prensa y en el mundo de la cultura a todo lo ocurrido?
R. Pues que en ningún otro país europeo habría pasado lo que aquí. Estoy seguro de que si en Alemania, un diccionario biográfico no dijera de Hitler lo que se debe decir, no habría...
R. Bueno, pues quite el ejemplo de Hitler...
P. No, no, es que es muy pertinente esa comparación. En Alemania el diccionario cuenta lo que hizo Hitler. Otra pregunta: ¿cree que la Real Academia de la Historia está obsoleta?
R. No, eso lo creen ustedes. La Academia es una institución muy conservadora en sus ritos. Yo esos ritos los respeto. Pero que seamos respetuosos con los ritos no quiere decir que no seamos muy innovadores respecto a las técnicas de investigación.[F30] 
P. ¿Qué le falta a la Academia?
R. Más mujeres. Las hay muy preparadas pero menos que los hombres. [F31] Hay una cuestión: un historiador necesita disponer de muchas horas para documentarse en los archivos. Y por desgracia, en las mujeres esas miles de horas están dedicadas a criar a sus hijos y a ser amas de casa.


 [F1] Buen inicio, sí senior

 [F2] Ahí está, más chulo que un ocho, tanto en esta respuesta como en la anterior. Seguro de sí mismo, incapaz de aceptar críticas (lo que puede explicar el funcionamiento de la RAH y lo que parece su poco contacto con el mundo más allá de las paredes de su sede)

 [F3]Vale, pero usted es el jefe, así como el responsable

 [F4]Curiosa respuesta: se defiende la libertad que la academia da a los autores como argumento para justificar los herrores. La RAH es no obstante el editor de la obra y ha de controlar lo que publica (por no hablar de la elección de los autores)

 [F5]Una maravilla. Sobran los comentarios.

 [F6]Vamos, que el contenido da igual.

 [F7]Respuesta que no tiene NADA que ver con la pregunta. Efectivamente, el senior Suárez puede ser una persona encantadora pero no la adecuada para esta labor.

 [F8]No se trata de ser juez, sino de que la Institución que usted dirige ha publicado una obra que ha costado más de 6 mill. de dinero público y usted no ha entregado algo que sea presentable desde unos mínimos criterios académicos.

 [F9]Ya, sí, difícil es. Eso no lo pone nadie en duda. Pero es que se espera de ustedes que solucionen estas dificultades. Se supone que usteden son la élite entre la Historiografía espaniola.

 [F10]La respuesta favorita de los políticos y ninos de hasta 6 anios: “y tú más!”

 [F11]El tono autoritario que se olía desde el principio explota definitivamente. Un “y punto” que huele a, “se acabó, déjenme en paz, que me está usted molestando con sus preguntas”

 [F12]Me repito, la RAH ha de controlar lo que publica. Es que Wikipedia parece mucho más fiable.

 [F13]Se repite.

 [F14]Volvemos al „y tu más!“

 [F15]A lo mejor es que yo estoy especialmente sensibilizado pero a mí el “mire usted” me suena tan chulesco como el “y punto”

 [F16]No me interesa, como no le interesa a nadie. Usted está aquí como director de la RAH y ha de defender esta institución, no sus propias ideas. A parte de eso, me parece que este tipo de interioridades no han airearse.

 [F17]Si, efectivamente, la declaración la hemos de haber tomado mal. Yo a este hombre ya no lo entiendo. Por cierto, la pregunta que precede esta respuesta es muy buena.

 [F18]Pues se investiga, no son ustedes historiadores?

 [F19]Sí, comprendo que usted a la ministra no la puede ver ni en pintura, pero me da igual, la RAH ha de hacer una biografía de ella; o es que sólo biografía personas afines? (esto último explicaría muchas cosas)

 [F20]Una prueba más del rigor científico. Alucinante (pero sobre todo, que no le de vergüenza reconocerlo)

 [F21]Y dale con el „y punto“. Esta expresión parece tener otra función: culmina una respuesta en la que el entrevistado reconoce, por no querer hablar de un determinado tema, que en el tratamiento ese tema se produjeron errores.

 [F22]No senior; se vuelve a equivocar. Lo que importa es que la obra esté BIEN

 [F23]Vuelve a uno de sus temas favoritos: nosotros tenemos nuestras cosas, lo que pasa fuera nos da igual.

 [F24]Quién es este „ustedes“? Los peridodistas? El público en general (que ha pagado)?

 [F25]Efectivamente, como muchos otros.

 [F26]Con razón esto va al titular

 [F27]Pues no, pero han pasado ya unos días... tiempo ha habido. Además, es su trabajo.

 [F28]Este sujeto se retrata a sí mismo con esta respuesta.

 [F29]Claro. Y además tendría como presidente de su „RAH“ a un tipo que define a Hitler como un dictador.

 [F30]Lo dudo

 [F31]Sigo dudando

jueves 19 de mayo de 2011

1984 DEL TEA PARTY

LA DISTOPIA NEOLIBERAL DE ATLAS SHRUGGED: PART 1

Hace unas semanas, el 15 de abril, se estrenó en EE.UU la película Atlas Shrugged: Part 1, del director Paul Johansson. Habría que decir mejor de John Anglialoro, pues él ha sido, como productor, la fuerza creativa y financiera más importante detrás de esta empresa. Anglialoro, un fabricante de aparatos de gimnasio metido a productor cinematográfico, se hizo en 1992 con los derechos de una novela publicada en 1957 y desde entonces ha intentado poner en marcha una producción en distintos formatos (miniserie, telefilm, película de cine) y por la que han ido pasando, sin poderse confirmar todos ellos, los nombres de Charlize Theron, Julia Roberts o Brad Pitt. Finalmente, y viendo que el periodo por el que había comprado los derechos para la adaptación cinematográfica se acababa, Anglialoro contrató a Johansson para hacerse cargo de la dirección de la película. Un moderado éxito acompañó el estreno y todo parecía indicar que Anglialoro podría recuperar pronto los 20 millones de dólares que le costó su financiación y que había puesto, en gran parte, de su bolsillo.

Pero llegaron los críticos.

Tras el prometedor primer fin de semana, los grandes popes de la crítica cinematográfica estadounidense emitieron sus opiniones sobre la cinta y estas fueron catastróficas. Cabe señalar que para el normalmente comedido Robert Ebert la película era merecedora de solo una de cuatro posibles estrellas. Rotten Tomatoes le dió un 3,5 de 10 y, para hacerse una idea de la repercusión general, en Metacritic recibió un 28% (la única positiva del conservador The New York Post –esta “casualidad” la comentaré más tarde–).

No obstante, Anglialoro pareció no inmutarse durante los primeros días. La película, no nos llevemos a engaño, nunca fue concebida como una producción de arte y ensayo, así que pensaba que las opiniones de los críticos no habrían de tener mucha influencia en su andadura comercial. Se equivocaba. La cinta pasó de hacer unos muy respetables 5.640 dólares por pantalla en su primer fin de semana a tener que conformarse con 1.890 en el segundo.

Entonces Anglialoro comprendió que sin los críticos (y sin una promoción de peso, a la que había renunciado para abaratar costes) no era nadie. Y se enfadó. Mucho. Y comenzó a atacar a los personajes del bolígrafo con linterna, centrándose sobre todo en su monolítica respuesta. Su argumentación se basaba en la premisa de que si todos critican su producción, esto no se debe a que esta sea, digámoslo de forma suave, de baja calidad, sino a que todos se han puesto de acuerdo para hundirla. Llevado a otro campo, su razonamiento sería algo así como: 100 millones de fans de Elvis were wrong! pero se habían puesto de acuerdo para venderlo bien.

Continuando con su defensa de la película, Anglialoro afirmó también: “¡Son lemmings! ¿De dónde viene este miedo a Ayn Rand [autora de la novela original en la que se basa la pelicula]? Odian a esta mujer. ¡Odian el individualismo!” Esta parte de su argumentación me parece mucho más interesante. Veamos qué se esconde tanto tras las alabanzas como los ataques. Para eso será necesario echar la vista atrás.

La autora, la novela y lo que vino después

Ayn Rand había nacido en Rusia a principios de siglo y dejado el país a mediados de los años 20. Tras su llegada a EE.UU trabajó escribiendo guiones para Hollywood y pronto empezó a publicar sus primeras novelas. Cabe señalar aquí la adaptación que King Vidor hizo en 1949 de su obra The Fountainhead, para la que ella también escribió el guión. En 1957 publica su obra más ambiciosa, su cuarta y última novela: Atlas Shuggred. El libro presenta una distópica visión de los EE.UU, en la que la protagonista, Dagny Taggart, vicepresidenta de una compañía ferroviaria, se rebela ante las interferencias de un gobierno incapaz de satisfacer las ambiciones de sus ciudadanos. Paralelamente a los intentos de Taggart de reaccionar ante lo que ella considera ataques gubernamentales injustificados, el lector se va enterando de que ella no está sola: importantes miembros de la sociedad (artistas, escritores, empresarios) están desapareciendo guiados por el misterioso John Galt, que intenta con ello demostrar por un lado, la importancia de estas personas, de los sujetos individuales, en una sociedad viva y sana, y por otro hacer ver al gobierno que no puede inmiscuirse en la iniciativa privada si pretende que un país funcione correctamente. Este sería un resumen del planteamiento narrativo de la novela. Entrelazada de una manera más o menos habilidosa en esta historia principal, la autora nos cuenta también una segunda historia: mediante largos monólogos, la misteriosa figura de John Galt expone los principios del Objetivismo, una serie de ideas (algunos autores hablan de filosofía) que defienden el egoísmo racional como principio de acción social e individual. El Objetivismo se opone a la intervención del Estado, defiende los derechos individuales como principio fundamental de la vida en sociedad y ataca el colectivismo tanto económico como moral. Estas tesis se entienden bien teniendo en cuenta el contexto de la Guerra Fría, la caza de brujas y como no, el pasado de la autora, que había abandonado la URSS en los años 20 tras diversos choques con las autoridades comunistas.
La novela fue bien recibida por el público, pero no tan bien por la crítica. No obstante, funcionó bastante bien y desde entonces a pasado a ser un auténtico long seller, con unos 7.000.000 de ejemplares vendidos (500.000 de ellos en 2009). El éxito ha estado, a lo largo de estos años, acompañado de una polémica muy viva en cuanto se plantea una lectura política de la obra: desde su puesta a la venta la novela ha sido considerada, sobre todo debido a su defensa de las premisas Objetivistas, como uno de los textos en los que mejor se recogen los ideales de la derecha estadounidense. Un joven llamado Alan Greenspan habría de conocer durante los años 50 a la autora cuando esta todavía estaba trabajando en las últimas versiones de su novela y se sintió instantáneamente atraído por su “defensa moral del capitalismo”. Habría de esperar unos cuantos años para poder poner en práctica estas ideas pero, cuando lo hizo, lo hizo bien. En los ochenta, Greenspan alcanzó el puesto de presidente de la Reserva Federal; parecía que, en general, el mundo se había vuelto más receptivo a las tesis del Objetivismo. Greed is good! gritaba Gordon Gekko resumiendo el espíritu de una época. Por otro lado, las tempestades que trajeron aquellos vientos las explica muy bien The Inside Job.

En los últimos años, con el ascenso del ala más radical de los republicanos en torno al Tea Party u otros grupúsculos de derecha como Freedom Works o el The Cato Institute, parece que la base de apoyo a la ideología planteada por la novela y la película ha crecido significativamente. De hecho, tras el estreno de esta última, el propio Tea Party participó activamente en su promoción con campañas en Facebook.

Las reacciones en campo contrario tampoco habrían de hacerse esperar. Desde el momento de su aparición fueron criticadas las tesis ultraliberales planteadas en la obra, el egoísmo que destilan las actitudes de sus protagonistas; el New York Times llegó a afirmar tras su publicación que el libro estaba “escrito desde el odio”. En fecha tan reciente como el pasado 23 de septiembre, el Premio Nobel de Economía en 2008, Paul Krugman, conocido defensor de un estado intervencionista necesario para corregir las desviaciones del mercado, subía el siguiente comentario a su blog del New York Times sobre la novela y el estatus de culto que había adquirido a lo largo del último medio siglo:

“Hay dos novelas que pueden cambiar la vida a un chico de 14 años con pasión por los libros: El señor de los anillos y Atlas Shrugged. Una es una fantasia infantiloide que a menudo engendra una obsesión de por vida basada en unos héroes increíbles y que da lugar a adultos emocionalmente atrofiados, socialmente lisiados e incapaces de enfrentarse al mundo real: la otra, por supuesto, incluye Orcos.”

Volviendo al cine, a partir de los años setenta empezó a especularse con su adaptación para la gran pantalla. No obstante, este proyecto tardaría años en concretarse. Esto sucedería finalmente cuando Anglialoro compró los derechos en 1992. El propio productor ha afirmado que entendía esta adquisición como una inversión a largo plazo, pues se trataba de un libro extraordinariamente exitoso por el que en algún momento los grandes estudios mostrarían su interés. Cuando vio que esto no era así y que sus derechos, tras 18 años, estaban a punto de expirar, decidió ponerse él mismo tras la producción. Escribió un guión, varios directores entraron y salieron del proyecto y finalmente hubo de ser Paul Johansson, un actor (des)conocido por su participación en series como Santa Barbara o Beverly Hills: 90210, el que habría de debutar como director con esta cinta, lo cual hizo, y que consiguió, al menos durante el primer fin de semana y pese a no invertir nada en promoción, un gran éxito.

El estreno. Y lo que nos cuenta del mundo que nos ha tocado vivir


Tras la presentación de la película a principios del pasado mes, los críticos denunciaron de forma casi unánime interpretaciones tan poco creíbles como los decorados de cartón, un guión muy flojo plagado de incoherencias, además de interminables escenas en pasillos y salas de reuniones que vienen a ser la transcripción directa de los largos monólogos de la novela original. De alguna manera, se repite el patrón de recepción que acompañó la publicación del libro hace ya más de 50 años: ambas obras han sido criticadas por sus faltas en aspectos intrínsicos a sus medios de expresión: Atlas Shrugged: Part 1 es una mala película del mismo modo que Atlas Shrugged fue una mala novela. Que esta última haya sido finalmente llevada al cine y que la experiencia haya sido más o menos exitosa (la preproducción de la segunda y tercera parte están ya en marcha) se explica no obstante desde una perspectiva que bien poco tiene que ver con el valor cinematográfico de la cinta y que subraya los aspectos políticos del contenido.

Además de los temas ya indicados al hablar de la novela, la adaptación cinematográfica añade caracterizaciones de brocha gorda para que el espectador despistado no se olvide del mensaje: los miembros del gobierno, que intentan imponer perversos ideales como la compasión o el altruismo, son representados como una panda de alcohólicos y están interpretados por actores que más bien parecen dar vida a un judío en una película nazi. Sus diálogos se mantienen evidentemente en esta línea de caracterización: “impondremos un impuesto al estado de Colorado para equilibrar la economía nacional” se le oye decir a uno de los miembros de un gobierno que ha promulgado leyes impidiendo la posesión de más de una empresa por un solo individuo.

La anteriormente citada crítica del New York Post, una excepción en su defensa de la película, no puede hacer nada frente a los defectos meramente cinematográficos que plantea la cinta, pero, en la línea de una defensa política, cierra su texto con las siguientes frases: “Atlas Shrugged quiere comenzar una discusión contigo, forzarte a (como bien repite Rand a lo largo de la película) ‘cuestionarte tus premisas’. Sería más fácil no hacer esto, reírse de los diálogos acartonados y del acoso verbal carente de toda ironía, que es lo que hace la mayoría de los espectadores.“ Curioso razonamiento: como desde un punto de vista meramente cinematográfico no hay mucho que defender, la crítica se centra en subrayar los aspectos ideológicos, los cuales tampoco son discutidos en profundidad.

La película se adapta muy bien a nuestro Zeitgeist ultraliberal y se entiende como una parábola contra el intervencionismo del gobierno federal y a favor de la iniciativa e inventiva privada, a las que se ve como fuentes principales del progreso del país y como tesoros amenazados por un gobierno que se inmiscuye más de lo que debería (compárese esto con las críticas a la reforma sanitaria o a las políticas fiscales de la administración Obama que van en esta misma línea). Los principios del Objetivismo se reinterpretan este 1984 ultraliberal como los de la derecha más radical, bien es cierto que se da también una cierta reescritura ideológica. Esta obedece al clásico matrimonio de conveniencia entre una derecha muy liberal en principios económicos pero al mismo tiempo extremadamente conservadora en cuestiones morales. Así, aquellos puntos que podrían resultar un poco más controvertidos desde una postura conservadora en lo moral han sido directamente ignorados o tratados con extremo cuidado. Los ejemplos más claros se refieren a la defensa de una concepción del sexo liberal y de un ateismo racionalista, ambos aspectos centrales de un planteamiento vital objetivista y ambos ignorados en la historia.

En fin, Atlas Shrugged: Part 1, no ya como película, sino como fenómeno ideológico-cultural, se erige como uno de las más heterodoxas producciones independientes de los últimos años. Independientemente del resultado comercial o artístico se trata sin duda de un muy buen ejemplo de las curiosas conexiones que se dan entre política, literatura y cine. Y la conclusión es que ninguno de estos tres aspectos sale especialmente bien parado.


Copyright © Fernando Ramos Arenas, 2011

miércoles 18 de mayo de 2011

Dignos Indignados

Parece que algo está pasando, que la gente se 'indigna' (verbo de moda en los últimos meses), los jóvenes se echan a las calles, se organizan. Me siento identificado.
Esperemos que todo esto no quede en agua de borrajas. Pero aunque así fuese, se ha emitido un signo inequívoco de que la gente no simplemente está muy harta, sino de que también está dispuesta a luchar por un cambio.
No tengo cuenta en Twitter o Facebook, así que este Blog es mi forma de expresar mi apoyo.
A ver si el domigo todo esto se ve reflejado en las urnas.

lunes 7 de febrero de 2011

Poster: 127 Hours

Un poster que nos cuenta el final y así nos engancha. Además, es muy bonito. Sin más.

sábado 29 de enero de 2011

La dialéctica de Internet

Estaba leyendo una entrevista en El País con Nicholas Carr en la que habla de la forma en la que Internet modifica nuestros hábitos de pensamiento, de comportamiento y de trabajo (sobre todo, intelectual). Simplemente quisiera invitar al lector a echarle un ojo a ese artículo, pues me encuentro muy bien reflejado en las respuestas que da Carr. Durante la redacción de mi Tesis, ahora que estoy preparando su publicación, o mientras escribo artículos intento trabajar sobre papel, con el ordenador apagado: La capacidad de distracción de Internet me supera. Ya sea de una manera directa (he recibido un mail, alguien quiere que chatee o similares) o bien, porque me dejo llevar por algunos de los aspectos que trata el texto en el que estoy trabajando y en los que me gustaría profundizar (temible Wikipedia), el hecho es que hay una merma muy importante de mi concentración. Pero también lo noto cuando no soy yo el productor, sino simplemente el lector; me cuesta horrores no dejarme llevar por los hiperlinks de un texto y concentrarme en su lógica lineal.
No se si verdaderamente Internet ha cambiado nuestra forma de pensar, pero, desde luego, si que lo ha hecho con la forma de leer.

jueves 27 de enero de 2011

Sobre las prácticas discursivas en la red. Como en un campo de fútbol

Hace unos días les pregunté a mis estudiantes si creían que la fragmentación de contenidos y audiencias en internet, en vez de provocar una democratización en el uso de los medios - el acceso es libre, cada uno puede expresar su opiniones, el receptor es también productor/emisor... - no estaba dando lugar a una situación contraria, en la que cada usuario tiende a buscar un lugar en la red en el que expresar sus opiniones y asegurarse del apoyo masivo del resto de lectores/participantes. La conversación, como sucede en estos casos, siguió por otros derroteros y sólo pude sacar en claro que en general los estudiantes no eran tan apocalípticos en su diagnóstico de la interactividad digital como yo mismo.
Hoy he vuelto a darle vueltas a este asunto cuando leía los comentarios aparecidos tras una noticia en el diario Público, en la que se explicaba que J. M. Serrat consideraba el pirateo digital un robo. Como es de esperar en este medio, la mayoría de los comentarios se dedicaban a atacar las tesis de Serrat y a defender la libre circulación de archivos además de, cómo no, a atacar a Alejandro Sanz. Ninguna sorpresa, al fín y al cabo estaba leyendo Público. Me extranió, no obstante, la uniformidad de las opiniones, no encontraba a nadie que compartiese las ideas de Serrat.
Poco después me di cuenta de lo que pasaba. Al comentar una noticia para este medio se tiente la posibilidad de valorar los comentarios del resto de los usuarios y cuando las valoraciones negativas superan un cierto número, se censuran. Vamos, que al que no está de acuerdo se le borra y todos tan contentos. No estoy hablando aquí del típico troll, cuyo único objetivo es sembrar discordia en entre el resto de los usuarios, sino de personas que simplemente tienen otra opinión con respecto a la noticia y la expresan respetando todas las reglas de urbanidad.
Encuentro en esta forma de actuar un ejemplo más del modo de discutir al parecer bastante extendido en la Red. Evidentemente un usuario X expresará sus opiniones en medios que le son afines (en los que se encontrará naturalmente con opiniones de otros usuarios que también le son afines). La opinión que expresa, que en la práctica dista de ser un intercambio de puntos de vista, sino más bien un monólogo de mayor o menor extensión, es a su vez controlada por un master que la ha de dar de paso. Luego, como acabamos de ver, existe también la posibilidad de los propios usuarios la eliminen, oculten o similares.
Se puede argumentar que se trata de una decisión democrática, pues son la mayoría los que han decidido que esa opinión no es de su gusto. Me cuesta no obstante convencerme de que una conversación haya de ser guiada de acuerdo a principios numéricos y no por la razón de los argumentos o la lógica de su exposición.
No quiero seguir cansando al lector. Mi conclusión es que se trata de un nuevo ejemplo de la pobreza discursiva que se fomenta en internet. Mientras que en una época con acceso restringido a los medios de masas (con todos los aspectos negativos que esto conllevaba) el participante de un debate se veía obligado a afinar sus argumentos, someterse a críticas, repensar sus posiciones, con el resultado de que al final estas últimas se podían ver modificadas, parece que ahora ya no cuenta más que encontrar un foro en el que se sienta cómodo para expresar su opinión (raramente ponerla a debate).
La gente grita y sólo escuchan aquellos que van a repetir el mismo cántico. Como en un campo de fútbol.

martes 25 de enero de 2011

Bernd Eichinger ist tot

Ich hab es gerade gelesen; Bernd Eichinger ist tot. Es ist hier sicher nicht der Ort, um sich jetzt über seine künstlerische Leistungen zu streiten aber ohne Zweifel bleibt, dass er die deutsche Filmindustrie in den letzten 30 Jahren wie kein anderer geprägt hat.
Wenn Europa Hollywood konkurrenz leisten möchte, brauchen wir viel mehr Eichinger. Während wir darauf warten können wir uns seine Filmen nochmal anschauen:
. Der Name der Rose
. Der Baader Meinhof Komplex
. Der Untergang
. Die unendliche Geschichte
. Wir Kinder von Bahnhof-Zoo
. Das Pärfum
...